contemplando lo cotidiano (viento)
Tan eterno como el paisaje mismo,
puro como la miel de abeja
y salvaje como el caudal del río.
Empapas tu mirada en segundos,
te escapas, no vienes.
Amigo del sol profundo
y de las resecadas hojas
que algún día por ti lloraron.
Amable con el valle,
duro con el lejano invierno,
exótico y misterioso como sólo tu puedes ser.
Te retuerces y arrastras por las barrancas tibias,
juegas con los arenales
y jamás temes a nada.
No somos más que pétalos en un jardín de rosas
y de tu humor depende nuestra suerte,
no dejes de cuidarme
Aléjate y vuelbe... suave,
como la caricia mas tierna de una madre.
Te esperaré en el norte con tus penas
y desde el sur aguardaré la noticia del nuevo día.
Pero nunca me dejes... vuelve.

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